Los Seres humanos somos seres sociales por
excelencia. Desarrollamos nuestra existencia en el
marco de comunidades de las cuales depende nuestra
supervivencia y la de la totalidad de la especie, aunque
intentemos ignorarlo. No somos individuos autónomos,
autosuficientes, aislados. Somos, por naturaleza, seres
sociales, lo paradójico de la actualidad es que muchos
rasgos de nuestra cultura atenta contra esto.
Desde distintos ámbitos y esferas de la cultura se
nos interpela como individuos, se nos convoca a que
actuemos de manera aislada y se nos presenta al resto
de los hombres como amenazas a nuestra seguridad. Así,
se nos niega la posibilidad de reconocer que nuestras
dificultades son también dificultades de la mayoría de la
comunidad y se obstaculiza la concreción de respuestas
colectivas a problemáticas comunes. En este contexto
cultural la comunicación es clave.
En el discurso de los medios masivos se hace un culto de
la espontaneidad. Una marcha, un reclamo, una acción, es
legítima sólo si es el resultado de individuos/consumidores
auto-convocados actuando espontáneamente.
Espontáneo es ese modo de actuar que se supone que
surge de adentro nuestro, es una respuesta no planificada,
poco reflexiva y, sobre todo, individual.
Este culto mediático a la espontaneidad condena
la organización social. Nos vemos desafiados por
amenazas gigantes y se nos hace creer que las debemos
enfrentar individualmente. En este marco, son pocas las
posibilidades de salir victoriosos. Se promueve una cultura
que fragmenta la comunidad de la cual, sin embargo,
depende nuestra supervivencia. Queda pendiente una
respuesta: si afecta la supervivencia de la especie, ¿a
quién beneficia?
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