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Facundo Montes, facundom@diariolaflecha.org artículo 5 de 7
 
 

¿Rodriguez? ¡Presente!

 
 

Lo hayamos decido libremente o no tanto estamos en una ciudad y de las grandes. La mayoría habita en un espacio compartido con su familia, la que tenía desde que nació o, en algunos casos, la que se estaría creando ahora, otros conviven o tienen mucho contacto con amigos, y se ve con la gente de su entorno.

Todos los demás, ese montón de gente variada y en movimiento, que llena los bondis, el subte o que están llamando al mismo tiempo por teléfono, son “los otros”, los“desconocidos”. Unos desconocidos conocidos, porque alguna idea de ellos tenemos en nuestra mente. Una idea, ficticia, ambigua o más o menos real, pero algo hay.

Con estos otros vivimos, vivimos con… convivimos. Esta vivencia común, ¿cómo es? ¿Es? ¿Tiene un modo, o varios?¿Puede ser distinta? ¿En que sentido convivimos? ¿Entre quienes se da? ¿Entre conocidos o des? ¿Compartiendo
intereses o des interesados? Algo de esto trataremos en estas líneas.

Por ahora la llamamos convivencia y notamos que se expresa en múltiples encuentros o desencuentros que tienen en cuenta las variadas dimensiones de las personas, encuentros corporales, de afectos, de ideas y de… más.

Como cuando respondíamos al sonido de nuestro nombre (más allá de que los rebeldes del curso hayan comenzado a decir “acá”), el término “Presencia” o mas bien el binomio“presencia-ausencia” puede ayudarnos a pensar esta convivencia.

Vamos a echar mano a experiencias cotidianas de esta vida citadina, a
encuentros y presencias subterráneas,“que dice así”:

LA REVOLUCIÓN DE LAS MÁQUINAS
Yo pienso, siento, soy cuerpo que ocupa espacio, come y respira, tengo una historia que recuerdo y porto relaciones, miedos y grandes alegrías. A diario me cruzo con mareas humanas, desconocidos que frenan y demoran lo que yo necesito hacer, hombres-bulto y con otros que funcionales a mi objetivo posibilitan mi camino porque atienden servicios que requiero, hombres-máquina.

Pero un día…
En la estación de subte bajo corriendo, voy a comprar el boleto y...

-¿Cómo estás? -dice el ticketeador-máquina
- Bien -contesté mientras le daba un peso. ¿Vos?
- Bien, pero… a mi viejo lo van a operar -dijo mientras me daba el boleto-, le tienen que cortar dos dedos porque tiene diabetes y se complicó…
- No tan bien entonces -comenté mientras me daba el cartoncito.
- Si, la verdad que estamos en un mal momento, recién llamé y cuando termine acá lo voy a ver…
- Que embole, bueno, que tu viejo esté bien -le dije.

Di media vuelta y me fui, más que sorprendido.

A la semana lo vi de nuevo, en otra boletería.
- ¿¡Cómo está tu viejo!?
- Está mejor, salió bien -comentó y me relató la operación, la situación de la familia… Mientras, la gente resoplaba apurada a mis espaldas y nosotros conversábamos. Siendo personas un rato.

De otro planeta.
Experimenté que ese hombre máquina también piensa, siente, tiene su historia, tiene sexo, sueña, llora y además me da el ticket cuando paso. Yo no fui un viajero y el dejó de ser una máquina expendedora. Personas presentes, a pesar
del sistema.

NO A LUGAR
Reunión de trabajo final. Todos habíamos leído mucho y trabajado en la parte que nos correspondía. Diálogo difícil para definir un texto. Unos imponen su idea más que otros. Diálogo “negociación”. Detalles que se dejan pasar hasta que surge un tema importante; todos opinan de una manera, yo de otra. Finalmente queda escrito de “una manera”. Con tranquilidad dije que no estaba de acuerdo con la idea expresada, pero se continuó hablando de otros asuntos. Mas tarde comenté de nuevo mis diferencias. Unos permanecieron en silencio, otros comentaron algo de la materia, se alargó y finalmente el que coordinaba dijo “bueno entonces todos estamos de acuerdo” y pin pan cerró elegantemente.

Ausencia. Ideas Distintas presentes, ausentadas. Me hubiera gustado tengan en cuenta lo que pienso. Perspectivas.

MASITAS
Subte, lleno, hombres feministas o al menos poco caballerescos, asientos defendidos, puertas humanas, “fuerza suegra” para entrar. Madre y su hija, una niña, lo intentan. Fuerza!, como si fuera un bolso intentó meterla dentro de la formación. Pero la realidad se resistía, el universo se curva pero
el cuerpo, difícil. (Einstein querido)
Y por más porcentaje de agua que tengamos no se mueve y
la niña gimió y luego ensayó algo así como un llanto. No hay
caso no es de goma.
Resopló la mamá, bajó, sonó la bocina, se cerró la puerta y a
arrancar.
Madre e hija en el andén con enojo y sin tren.

Presencia corporal al extremo.
Me llamó la atención la obstinación de la madre (empujando a su hija contra todos estos hombres desconocidos). Y después la poca reacción de los hombres puerta que miramos el espectáculo sin hacer nada.
No era una niña, no era una madre, era algo así como masa que quería penetrar en un espacio lleno de otra masa. ¿Es lo mismo un vaso lleno, que un subte lleno? Aunque el contenido sea de personas. ¿Será que tanta gente me hace menos gente? Como un más por más, menos.
Espacio. Cuerpo. Presencia. En esa masa-cuerpo había una chiquita y creo que
no la vimos.

MIL Y UNA
Seguramente de estas experiencias tenés muchas. Momentos, vivencias donde se nos cruzan personas, con sus afectos, ideas, cuerpos e historias.
Hasta aquí llegamos, simplemente a resaltar esa presencia que por momentos no tiene vacante.

Algunos me preguntaron por qué, algo así como ¿por qué dar el presente a los que están por allí? ¿Y si no quiero? Bueno, se puede tener en cuenta tu posición, pero… lo que pasa es que ese otro ya está allí; aunque no quieras.
Y además vos sos un “otro” de ese otro que también esta allí.
¿Y si él no quiere tenerte en cuenta a vos?
Te convendría que te de el presente, y por lo tanto es probable que vos a él también.
En este caso fantástico ninguno sería solo una masa-viajera

En términos de utilidad, ¿me conviene enterarme lo que le pasa al hombre-máquina? A él seguro que si… y es probable a mí también.
¿Me complicaría? La verdad en algunos casos puede ser que complique un poco. ¿Es mejor considerar las ideas de esta otra persona que piensa distinto y que me frena el trabajo? Obvio que si. ¿No?

¿Qué pasa si decido dar el presente a esos otros desconocidos?
Bueno, que en realidad ya están allí.

En todo momento esos cuerpos, ideas, afectos e historias estamos diciendo “¡Presente!” y en cierta manera imponiendo nuestra presencia.

Unos juegan a inventarle historias a la gente que anda por ahí, otros hacen preguntas personales un tanto “desubicadas” pero que posibilitan amistades. Habría que intentar mirar y descubrir como ve el otro las cosas. Yo, en esta primavera, empiezo por mirar un poco más los cuerpos. No es un mal
comienzo, ¿no?
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LF26 pág. 06-07, 2008.
 
 

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