Tenemos ideas sobre otros. Sobre todos. Por más que nunca los hayamos visto, por más que nos sean indiferentes, los conocemos. Tenemos imágenes: cómo son, dónde viven, a dónde salen, qué cosas les importan, qué no, lo “buenos” o “malos” que son. Sabemos todo. Si, todo. Por más que nunca los hayamos visto.
Todas estas ideas que construimos y reconstruimos sobre esos otros -que en apariencia son la realidad misma- de algún lado nacen. Por algo son unas y no otras. No son obra fortuita de nuestra experiencia o de nuestra creatividad. De algún lugar surgen con más o menos fuerza, se imponen, se instalan y quedan.
Nos preguntaremos de dónde salen, si las trae la cigüeña o nacen de un repollo. Podemos decir que son una construcción social, de grupos, de clases. El contexto sociocultural, histórico, económico en el que los grupos existen y se reproducen marca las representaciones que tienen sobre sí mismos y sobre los otros. Y todos nosotros -que pertenecemos a unos grupos y no a otros- tenemos unas ideas y no otras.
¿Y vos? ¿Y yo? ¿Y nosotros? Todos -que de algún lado venimos- fuimos internalizando muchas de las ideas que circulan en los grupos a los que pertenecemos. Nacimos, crecimos, nos desarrollamos en determinados ámbitos; éstos influyen en las imágenes que nos hacemos sobre el mundo en general y sobre los otros en particular. Es casi inevitable que sea así porque esas ideas impregnan lo cotidiano: las actividades de las que participamos, los lugares en los que nos movemos, la escuela a la que fuimos, la facultad a la que vamos. Y algunas están instaladas desde mucho antes de que tuviéramos capacidad para cuestionarlas.
Ya están ahí. Y van entrando.
Internalizamos y seguimos internalizando ideas. Nos fuimos apropiando de la cultura. O la cultura se fue apropiando de nosotros...
Me dirán que le ponemos algunas cosas originales, nuestras. De acuerdo. Pero no se puede negar que los lugares a los que pertenecemos nos van moldeando. Y que lo que agregamos en general no cambia lo fundamental, más bien lo va confirmando.
Nada nuevo. Nos vamos socializando y lo hacemos en ámbitos y contextos específicos.
Pero a no asustarse, que como dice Fabi “nada es para siempre”, y así como en algún momento se impuso una determinada visión del mundo nosotros podemos construir creativamente algo nuevo. Quizás el primer paso sea reconocer quiénes somos, desde dónde nos paramos. Y a partir de allí identificar que “pensamos como pensamos’’ porque pertenecemos a unos grupos que necesariamente influyen.
Hasta acá llegamos. No hay más espacio. Igual la propuesta es no conformarnos con tan poco y ponerle pilas para abrir la cabeza un poco más. ¿Será?
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