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Pablo Moschen, 1 pablom@diariolaflecha.org artículo 2 de 9
 
 

Individuo. Y qué!?

 
 

Dicen que esta es una época de cambios, o cambio de época, como más te guste.

No se si es para tanto, pero lo cierto es que en las últimas décadas las formas de relacionarnos han cambiado. Por lo menos en el caso de los vínculos más cercanos, como las relaciones de pareja, padres e hijos, amigos y otros grupos reducidos, las diferencias se notan.

Las parejas cambiaron, son más abiertas y respetuosas de los proyectos de cada uno. No terminan sí o sí en el casamiento y no necesariamente son para toda la vida. Y las que llegan a formalizar lo hacen, en general, más tarde. Es más, cuando hablamos de pareja ya no nos referimos solo a parejas heterosexuales. Los esquemas tradicionales de familia también cambiaron: la familia tipo ya no es el único modelo. Hoy se planifica cuando tener hijos o no, hay más diálogo, los padres en general respetan las decisiones de los hijos, etc. Los amigos que tenemos, los tenemos porque compartimos intereses, salidas o preocupaciones específicas, lo que hace que formemos diferentes grupos según diferentes espacios.

Vemos que hay algo por detrás de todos estos cambios, un proceso, que podemos llamar individuación (o sea, hacernos individuos). Hasta acá no hay mucha novedad. El tema es que parece ser que este proceso es central en esta época, casi la define, y en las últimas décadas se viene profundizando. Ser individuos tiene que ver con una forma de pararnos en el mundo y de pensar la realidad. Implica valorar más la autonomía y animarnos a hacer la nuestra (que no es lo mismo que cagarnos en todo); tener nuestro propio proyecto y una forma particular de actuar. Y guarda, porque esto no necesariamente es negativo. Individuación no es individualismo ni egoísmo ni egocentrismo.

Como nos paramos y como somos obviamente influye en como nos vinculamos. Los sujetos individuados no solemos aceptar la imposición y la coacción, y sí pensamos mucho más nuestros vínculos y proyectos. La forma en que entramos en una relación no viene dada, sino que elegimos como hacerlo; nos tenemos que tomar más tiempo, buscarles sentido, probarlas. Para que anden tienen que ser abiertas y recíprocas, y sobre todo no exigirnos dejar de ser lo que somos o de tener los proyectos que tenemos.

Hay cambios, evidentemente. Pero, ¿qué tan profundos son esos cambios? ¿Nos puede traer más dificultades que satisfacciones? ¿Somos tan libres para elegir como parece? Veamos...

Primero, así como pueden ser más abiertos y enriquecedores, los vínculos también pueden ser mucho más frágiles y difíciles de establecer. También puede que, efectivamente, la individuación derive en individualismo y terminemos formando grupos cerrados, temerosos de lo diferente y despreocupados de lo colectivo.

Segundo, los modelos de relación más tradicionales -no tan abiertos ni respetuosos de la individualidad- siguen actuando. ¿O no? Vamos, no pensaremos en casarnos a los 24, ¿pero a los 30? Si una mujer de 30 y pico no se casó es una “solterona”; y la que está casada no dejará de estudiar o trabajar, pero tampoco deja de hacerse cargo del hogar. Tener hijos viene dado, es casi el destino manifiesto de una pareja estable. Puede que las familias sean más abiertas, sí, ¿pero no seguimos haciendo muchas cosas solamente para que nuestros viejos estén contentos o sientan que hicieron las cosas bien?

Es que hay algo que parece no estamos teniendo en cuenta: la individuación no está garantizada de una vez y para siempre, puede ser frágil y volver para atrás. Pareciera que se nos abren nuevas perspectivas de libertad, de decidir y hacer lo que queramos... pero no tanto.

Entonces, ¿qué? Capaz que estemos en un quilombo. Casi como un acto reflejo buscamos de donde agarrarnos. A mano tenemos -de un lado- modelos de relación tradicionales, que ya están medio viejos pero siguen lúcidos. Del otro, modelos (aunque digan no serlo) más nuevos, atractivos, que pregonan libertad pero que rozan el individualismo, la falta de compromiso y, por qué no, la boludez.

Pero, pero... y entonces qué!? No sé, que sé yo.
Sabemos que hay cosas nuevas, que hay otros caminos, otras posibilidades, pero no tenemos ninguna certeza, solo algunas ideas, intuiciones, ganas de que las cosas sean diferentes. Búsqueda... esa es la palabra. Seguir la búsqueda, animarnos a profundizar los cambios, intentar nuevos caminos, pensar libremente (que no es lo mismo que egoístamente). No negar la individuación, pero sí madurarla y pensarla de manera responsable. Algo así como pasar de ser adolescentes -cuando no nos importa nada y hacemos la nuestra-, a ser jóvenes, que es cuando priorizamos construir una mirada crítica, estar activos, encontrarnos con otros, dialogar, discutir, pelear, crear, intentar, equivocarnos, volver a intentar y decidir. Pero cuidado que madurar no es ponernos viejos y perder el entusiasmo, ni agarrarnos de la tradición y lo seguro.
El camino es la búsqueda... Creo que va por ahí.

Nadie dice que sea fácil. En realidad, se complica bastante. Pero tenemos la certeza -y acá sí estamos seguros- de que así los vínculos pueden ser mucho más ricos. Porque el individuo no existe solo o separado del resto, existe con otros. Otros con los que buscar y elegir tener un proyecto en común, de trabajo, de pareja, de familia, de vida o de lo que sea. Y si seguimos por este camino seguro llegaremos a relaciones y a proyectos colectivos mucho más interesantes. Encima ese estar y proyectar con otros va a potenciar todavía más nuestra singularidad y riqueza como individuos! ¿Qué más querés?

En este tiempo -que esperamos sea más cambio de época que época de cambios-, vincularnos no es solo un dato para tener en cuenta: es la forma de construir. Eso si, por como viene la cosa, es casi como embarcarnos en algo que no sabemos bien para donde va a salir... y eso lo hace mucho más interesante.
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LF24 pág. 04, 2008.
 
 

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