« La Flecha 18 | Calidad de Vida
   
Paula Iuliano, info@diariolaflecha.org artículo 4 de 7
 
  MENTIME ME ENCANTA  
  Cada vez está más presente, se involucra y la dejamos involucrarse, casi del todo pasivos. Pretende, tal vez, ofrecernos la receta de la felicidad. De cómo vivir "La Vida".
¿A quién le hablará realmente?
Ojo, hay quienes la tienen entre cejas, le siguen cada paso que da. La culpan por muchos de los males que padecemos. Por eso luchan y lucharán incansablemente por derrotarla, por sacarle la mascarita y dejarla al desnudo frente a todos. Pretenden mostrar su verdadera razón de ser, su propósito. Quizás, este último, sea entonces un poco el objetivo de las líneas que siguen o por lo menos dejar la incógnita para que cada uno le descubra su verdadero rostro y en el mejor de los casos actúe en consecuencia.

El otro día escuché a alguien que decía la trillada frase: "el dinero no compra la felicidad".
Que levante la mano el que cree que hay cosas que el dinero no puede comprar...

¿Nunca te sentiste solo?

Después leí por ahí que al parecer se está vendiendo un antídoto para la soledad. Sí, sí, y por cierto a un precio muy económico. Ahora (aunque por tiempo limitado y hasta agotar stock) podrás comprar un pack de amigos cual botellas de agua. ¿Qué si estoy loca?...
¿Acaso no viste los enormes carteles por toda la ciudad que ofrecen "100 amigos por $5"?. Me remito a los hechos. Si crees que es una locura, hablá con el Sr. Creativo, tal vez sea a él al que le falte un tornillo; ahí no me meto.
(¿Y si no tengo los cinco pesos? ¿No será doble mi frustración si encima de sentir que no tengo los suficientes amigos tampoco los puedo comprar?)

Que complejo el tema de las frustraciones, las alegrías, los mensajes directos, los indirectos, los fracasos, el consumo, la satisfacción, la insatisfacción, los estilos de vida... y todo eso mezclado en una coctelera para terminar plasmado en un anuncio.

Estamos tan invadidos por carteles, cartelitos, slogans, jingles... (¡Ya ni en el baño público nos podemos librar de ellos!). Evidentemente, resultan muy efectivos. "Efectivos", en estos términos, significaría que invertir en esto da mucha pero mucha ganancia. Con lo cual, ya sabemos que pretenderán esas caritas felices que nos hablan en los cortes de la tele, o esas voces alegres en la radio o esos carteles que vemos como flashes cuando viajamos en el colectivo. A pesar de no ser ingenuos ante esto, muchas de las veces quedamos atrapados en sus redes, casi sin darnos cuenta. Tal vez, el punto esté, en que solo tengamos en claro la finalidad más explícita: vendernos esos objetos para que podamos satisfacer nuestras... ¿necesidades?
"Hay que leer entrelíneas", decía mi mamá.

Advertencia: puede que nos encontremos con otros mensajes que no resulten tan agradables (o inofensivos) como los que vemos a simple vista.
Sin ir más lejos, vemos en los cortes de la tele, a ese Banco que nos ofrece la posibilidad de que saquemos un crédito, y para decirnos esto, nos muestra a una parejita joven imaginándose de viejos, (¿la tenés?). (Créditos para que compremos... ¿una mejor calidad de vida?) Les propongo tomar lupa en mano y leer la famosa "letra chica", que por algo es taaan chica... ¿no?

Él:- ¿Sabes qué, mi amor? Vamos para adelante con el tema del jacuzzi, el viaje...

Que muestre que el hombre es el que toma la decisión de lo que quieren ambos, ¿está puesto azarosamente? ¿es inocente?

Acerquemos más la lupa sigamos hurgando. Entrelíneas, ¿no escuchamos algo como..."qué estás esperando"? "Compra ya lo que deseas", "¿o vas a postergar todo para comprarlo cuando tengas la edad en la que seas un inútil, inservible, torpe y ya no puedas disfrutar nada?".
Un poco cruel para que lo vea mi abuela, ¿no?
Acaso cuando nos venden ese super jean ¿no se supone que seremos más fashion con ellos?, o si somos los afortunados de tipear en esa compu último modelo ¿seremos más exitosos?
Esas voces que nos susurran a toda hora, hasta muchas veces lograr agobiarnos, además de esos objetos y servicios taaan "maravillosos", querrán ofrecernos… ¿una vida plena? ¿Feliz? ¿Segura? ¿De pura satisfacción?

¿A quién le hablan? ¿A todos nosotros?
¿Realmente comprando todo eso mi vida será de mil maravillas?... ¿Y la de mi vecino?... ¿Y la del chico que vive cruzando la autopista?

En fin, algunos seguirán sin perderle rastro, mirándola con desconfianza, llevando la lupa (cual amuleto) para mirar con aumento y que no se escape detalle.
Otros, quizás, como el chico de la tele y sigan comiendo zapallitos, sin chistar ni preocuparse, total lo bueno es que siempre hay coca-cola.«

 
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LF18 pág. 05, 2006.
 
 

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