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Pongámonos,
por un momento, en blanco y negro...
Hubo un tiempo, para mí, en que el
arte se reducía a una ecuación
cuasi matemática – mero prejuicio-:
se la encuentra en determinado contexto, léase
museos, galerías de arte, colecciones
privadas; se hizo hace mucho (Antigüedad,
Edad Media, siglo XVIII); es para cierta gente,
como por ejemplo de edad avanzada, con mucho
dinero por gastar; es para personas cultas,
generalemente tenía que ver con la
concurrencia a lugares de ese tipo. El resultado:
“el arte es para viejos cultos, no para
mí”. Esta visión incluía
sólo algunas cuadros, algún
temita de Vivaldi y punto. Es decir que el
periodo del quatroccento, el Renacimiento
o la Edad Media ya habían pasado y
nos habían legado determinada cantidad
de obras. Lo que seguía después,
más cercano a mis días, era
una cosa rara. Inclasificable.
Lo bueno viene cuando me mencionan por ahí,
como quien no quiere la cosa, que el arte
es consciente del momento histórico
que atraviesa, lo refleja crítica o
acríticamente, ofrece soluciones, imagina
nuevas formas, nuevas relaciones. De ahí
en más, después de hurgar un
poco en los apuntes de la facu, anotar algún
otro nombrecillo perdido en alguna de esas
líneas, algunas horas de ojear libros
de pintores, descubrí ese otro arte,
ese que ya estaba, ese que hablaba de los
avatares sociales, de los pobres, de los marginados,
de los trabajadores explotados, de lo terrible
de la guerra. El mismo que busca infiltrarse
en la vida cotidiana, entre las personas comunes
y corrientes. Así, el arte deja de
ser para mí un aspecto trivial de la
vida. Comienza a interesarme. Comienza a interpelarme.
Ya podemos recupera el color...
Hoy sigo encontrando de muchas formas, en
muchos lugares, cositas que me alegran un
poco más el camino, que me invitan
a reflexionar. Sigo encontrando piezas artísticas
que no tienen nada que envidiarle a la Mona
Lisa. Una forma, práctica, fácil
y divertida es el stencil grafitti(1). Cualquier
ser humano puede caminar por alguna calle,
mas o menos transitada, y descubrir que a
George W. Bush le salieron orejas de ratón.
O bien, se puede confundir una señal
de tránsito común y corriente,
con una que indica que el mundial del ’78
se usó para tapar un genocidio(2) .
También se puede tomar como ejemplo
un experimento artístico, que se desarrolla
arriba del bondi y que encontré paveando
por “la iterné”: consiste
en dibujar un autorretrato, redactar una anécdota,
y confeccionar algo que “se asemeja
en concepto a un módulo arquitectónico.
La idea es que al terminar todos los ejercicios,
el boletín se transforma tanto en una
pieza única como en parte de una estructura
gráfica más compleja. Siguen
el mismo patrón pero difieren, puesto
que cada parte fue intervenida por una persona
diferente. Se le pedirá a cada pasajero
que colabore con un mural en honor al ciudadano
común y corriente. El participante
sabe que sus dibujos son incluidos como una
pieza parte de un gran rompecabezas mural
con el objetivo de honrar al ciudadano promedio.”(3)
Crear un objeto artístico implica el
manejo de ciertas normas, ciertas reglas.
De la manipulación de esas reglas se
obtendrá un producto. Esto significa,
por ejemplo, el manejo de colores, de escalas,
de formas, de dimensiones. A qué se
da importancia, qué aspecto se señala,
qué sentido, qué fin, se le
quiere dar al objeto nos permite anhelar,
soñar, pensar, modificar, recrear.
Es sobre este punto que se puede hablar de
libertad Libre del sistema, libre del jefe
hincha pelotas, libre de lo que nos produzca
un sentimiento de angustia y opresión.
Es, a esta altura, donde se pueden llegar
a borrar límites, donde las utopías
se pueden empezar a transitar.«
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| LF14 pág. 09,
2005. |
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