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Facundo Montes, facundom@diariolaflecha.org artículo 4 de 11
 
  HIJO DE TAPER  
  CUANDO ÉRAMOS CHICOS las señoras se reunían en las casas a hablar de unas cajitas de plástico en las que se guardaban cosas. Luego llegaron unas ollas “nuevas”, que también tenían todo bien tapadito, más tarde, llegó el envasado al vacío.
¿Quién hubiera dicho que estos detalles culinarios tendrían algo que ver con nosotros?
Sin darnos cuenta pasó el tiempo, crecimos, hoy andamos de acá para allá, chocamos con un montón de gente en la calle, en la facultad, en el laburo y en todos lados: nos estrujamos, apelotonamos, apretamos, compactamos y en el subte casi somos uno.

Normalmente decimos: “hoy me encuentro con unos amigos”, con unos compañeros de laburo, o con mi novia.
¿Pero qué pasa cuando nos juntamos?
Si nos sentamos a un video, estamos juntos recibiendo imágenes, e información, que produce ciertas sensaciones, pero…
Si salimos, en muchos casos tomamos algo, hablamos, nos divertimos pero queda ahí.
Si estamos juntos en un boliche aturdidos y muy juntos, puede pasar “de todo” pero en realidad…
Si trabajamos al lado de muchos, cada uno en su escritorio, con su computadora o corriendo en mil actividades, y…
Son muchas las ocasiones en las que estamos con gente, pero ¿qué pasó entre nosotros?, estamos, pero no sabemos nada de los otros, no nos conocimos.
Encontrarse es algo más difícil y mucho más grande de lo que nosotros pensamos.

A veces decimos: “entre tal y tal pasa algo” para hablar de una pareja nueva, pero esta expresión se puede usar para todo tipo de relación. Cuando hay dos o más que verdaderamente dialogan entre ellos pasa algo, este ”entre” es como un ámbito, como un espacio de encuentro.
Cuando esto sucede, nos renovamos, nos recreamos, salimos distintos. Ésto sólo se da cuando consideramos al otro como alguien interesante, que también es fuente de ideas de creatividad, de amor, como puedo ser yo. Si salgo de mí, interesado por este otro, posibilito la confianza para compartir lo que somos, lo que tenemos, lo que sentimos y pensamos.

Si esto es tan importante, ¿porqué no se dan encuentros con más frecuencia?

¿Será por haber acompañado a la vieja a las reuniones? No sé, pero pareciera que somos los descendientes de la era taper y el envasado al vacío, parece que aprendimos de chicos lo que es estar herméticamente cerrados. Valoramos el desarrollo personal, el crecimiento individual, la libertad para hacer lo que uno quiera y que nadie se meta en nuestra vida. No nos sale naturalmente, salir de nosotros, compartir lo que somos y recibir lo que otro tiene para dar.
Nos damos cuenta de que algo falta, notamos un cierto vacío. Pero intentamos llenarlo con sensaciones nuevas, más cosas, personas, situaciones, experiencias de todo tipo: laborales, religiosas, divertidas, sexuales, deportivas o lo que sea.
Generalmente no funciona. No resulta porque falla el método, tratamos de orientar todo hacia nosotros. De esta manera nos distraemos un momento pero el “taper” no se llena, simplemente va mutando hasta convertirse en el famoso “barril sin fondo”, todo lo que entra va a parar quién sabe donde.
Con el tiempo, como la cosa no cambia, seguimos buscando: “lo que me falta es llegar más alto en el laburo” o “hacer un master” o “cambiar de pareja”.
Pero no, así jamás se va a llenar.

Estas respuestas que parecen más rápidas, en realidad son las más lentas; sólo se desplaza el problema, parece que lo solucionamos, pero después es lo mismo o peor.
Las soluciones no siempre son fáciles, sino ya la hubiéramos encontrado. Evidentemente la cosa tiene que pasar por otro lado.
Otro punto de vista

Decimos “cerrados al vacío”. Tenemos una sensación de vacío entonces creemos que hay que llenar algo, pero esa sensación de vacío es porque está “cerrado” y no porque esté vacío. La palabra clave es cerrado y no vacío.

La lógica es otra. Es abrir la tapita y salir… renunciar por un momento a buscar mi bienestar, incomodarme un poco y darme cuenta de que hay otros, que no son actores de reparto para que yo viva. Ver quiénes son aquellos que están alrededor mío; cómo están, qué piensan, qué familia tienen, cómo se llaman. Si llegamos a pensar ¿qué le puedo aportar a este chabón?, estamos cerca de lo que buscamos
gran diferencia.

Más de uno dirá:
- yo puedo solo
- ¿te parece?
- ¿Qué ganamos con esto?

Todo Encuentro es fuente de creatividad, de cosas nuevas. Juntos formamos un grupo de amigos, una pareja y una familia, un club, una empresa o una asociación de ayuda. Formamos ámbitos de gran valor. Así como al encontrarnos nos renovamos, de la misma manera un país se renueva si nos encontramos, porque nuestra vida se convierte en una gran red de ámbitos en la cual todo se comunica, se comparte.
Formamos un ámbito comunitario, restablecemos lo que es ser Nación, ser Comunidad, ser pueblo, un lugar de realización para todos.
¿Cuántos seremos los que queremos lo mismo? ¿Qué pasará si nos encontramos?«

 
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LF05 pág. 05, 2002.
 
 

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